| Desde el inicio de la escritura la ciencia ha
tenido un papel muy importante en la fabricación de libros,
y en especial en la posibilidad de llevar la lectura y el conocimiento
a todas las personas. La invención de la imprenta es
probablemente el avance más importante hasta ahora en
ese sentido.
Mucho antes de tomar su forma real, un libro es tan solo
una idea en la mente del autor. En algunos casos, es una idea
fugaz que aparece de repente y sin previo aviso; en otros,
esta se hace presente al igual que un suave zumbido en los
oídos al que no queremos escuchar, pero al ser persistente
en el tiempo, terminamos poniendo atención y nos maravillamos
por su singularidad. Es así como, luego de un tiempo,
esta tímida idea en sus inicios se enriquece con el
paso del tiempo con nuevas facetas y se convierte en una historia
para contar.
Podemos distinguir dos tipos de libros: el de total creación
literaria, en cuyo caso el autor solo necesita la idea, la
palabra para expresarla y el utensilio físico para
transcribirla, es decir, papel y lápiz o un computador
o máquina de escribir; o el libro que no sea meramente
literario, para el cual el autor necesita, además,
documentación pertinente al tema que trata.
En ambos casos, el proceso de escribir el libro es relativamente
largo, y no solo implica el trabajo del autor, sino que también
requiere de ilustrador, editor, corrector, impresor y vendedor,
entre muchas otras personas que también intervienen.
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